Ingeniero en Prevención de Riesgos, fundador de Cacao Andino.
Vengo de una familia de emprendedores. Desde muy chico acompañaba a mis papás a distintos lados por sus negocios, así que el camino de crear algo propio siempre estuvo ahí, casi como un lenguaje que aprendí sin darme cuenta. Antes de Cacao Andino tuve una empresa de expediciones al Amazonas, en Perú. Quebré, y junto con esa quiebra llegó una depresión que me dejó sin ganas de seguir emprendiendo. Ha sido una constante en mi camino: he quebrado como tres veces, y cada vez he tenido que volver a encontrar el sentido antes de volver a levantarme.
En medio de ese momento conocí a un ecuatoriano que me ofreció comercializar cacao. No tenía ni un peso, pero me pasó dos sacos de 25 kilos y los vendí en tres días. Ahí entendí que estaba frente a algo distinto: no solo un producto, sino un alimento con un valor medicinal real, capaz de entregar energía estable y bienestar cuando se consume con conciencia, sin aditivos ni azúcar. Desde entonces he intentado entregar cacao en su forma más pura, trabajando con personas que buscan reemplazar el café por algo que las sostenga de verdad, deportistas, padres que quieren nutrir mejor a sus hijos, y quienes usan el cacao en rituales y ceremonias.
Construir una marca también ha sido aprender a ser perseverante: estudiar al cliente, equivocarme, volver a empezar. Hoy creo profundamente que lo natural es el camino, y que cuidar el cuerpo y la energía con la que vivimos el día a día es una forma de reconexión. Eso es lo que traigo a Montaña Partners: el cacao como puente hacia un bienestar consciente, sostenido y verdadero.
