Antes de fundar Montaña Partners, antes del coaching, antes de cualquier metodología — viví en Patagonia. No de paso, no de vacaciones. Viví ahí un tiempo extenso, en una etapa de mi vida donde el viento, la escala del paisaje y el silencio se volvieron parte de mi cotidianidad.

Venía de años de alto rendimiento deportivo, después del mundo corporativo y la lógica de competir, rendir, llegar primero. Patagonia no entró en esa lógica. No le importaba mi currículum ni mis resultados. Solo estaba ahí, inmensa, indiferente a mi ritmo — y me obligó, de la forma más silenciosa posible, a cambiarlo.

No fue una epifanía de un día. Fue una desarmadura lenta. Vivir en ese territorio te quita capas que no sabías que llevabas puestas: la urgencia, la necesidad de demostrar algo, la idea de que el valor de una persona se mide en resultados. El paisaje es tan grande que termina poniendo todo lo demás en su tamaño real.

El día que entendí qué hacer con todo eso

Años después, ya fuera de esa etapa de vivir ahí, volví a Torres del Paine — esta vez caminando el Valle del Silencio junto a Cristina Harboe, fotógrafa de naturaleza que conoce este territorio como pocas personas en el mundo.

Caminábamos. El viento, como siempre en esa zona, no perdonaba. Y en algún momento entendí algo que no había logrado entender en años de coaching, lectura y trabajo personal: el movimiento y la naturaleza no son el contexto de la transformación. Son la transformación.

Ahí nació Montaña Partners. No en una sala de reuniones, no en un plan de negocios. En una caminata, en un territorio que ya me había formado antes, ahora dándome la claridad sobre qué hacer con todo lo que había aprendido viviendo ahí.

Por qué quise volver con otros, no solo con Cristina

Cristina conoce este territorio desde la observación más rigurosa: años documentando su flora, su fauna, sus pumas, sus cóndores. Yo lo conozco desde haberlo vivido como hogar, y después desde el lente del coaching y el movimiento.

Cuando decidimos crear esta expedición juntas, no queríamos ofrecer un viaje fotográfico más, ni una experiencia de bienestar genérico. Queríamos ofrecer lo que a mí me cambió la vida: la posibilidad de que este paisaje extremo te ayude a mirar de frente algo que llevas tiempo evitando.

Por eso esta experiencia integra trekking exigente y coaching en movimiento. No por separado, sino juntos — porque en la montaña, el cuerpo que avanza es el mismo que piensa con más claridad.

Lo que no prometo

No prometo una epifanía instantánea. Sería deshonesto decir que cinco días resuelven lo que a mí me tomó años de vivir en ese territorio. Lo que sí puedo decir, porque lo he visto una y otra vez en quienes me acompañan en montaña, es esto: hay algo en enfrentar un desnivel de 900 metros, en caminar en silencio junto a otros, en que alguien te pregunte lo correcto en el momento exacto, que te devuelve una versión más honesta de lo que ya sabías y no te animabas a decir en voz alta.

Te invito a conocer el territorio que me formó

Lo hago para quien siente que algo tiene que cambiar pero no sabe nombrarlo todavía. Para quien lleva meses postergando una decisión — de vida, de trabajo, de identidad. Para quien busca algo más que la foto perfecta del paisaje más fotografiado de Chile.

Lo hago, también, porque quiero compartir el territorio que me formó con quienes están buscando su propia versión de ese mismo proceso.


 

Descúbrete Torres del Paine se realiza del 16 al 20 de diciembre de 2026, junto a Cristina Harboe (Phototrackers), en grupo reducido de 8 a 12 personas.