Steve Jobs era conocido por muchas cosas: su perfeccionismo, su capacidad de simplificar lo complejo, su obsesión con el diseño. Pero había un hábito menos conocido que sus colaboradores más cercanos describían como central a su forma de trabajar: las reuniones caminando.

Lawrence Levy, primer CFO de Pixar, describió en su libro cómo Jobs y él caminaban durante horas por las calles de Palo Alto — bajo los robles, fresnos y magnolias — hablando de negocios, de vida, de decisiones difíciles. Fue en una de esas caminatas donde Levy le planteó por primera vez que Pixar debería vender a Disney. El entorno no era decorado. Era parte del proceso.

Jobs no era el único. Mark Zuckerberg usaba caminatas en el bosque para entrevistar a candidatos clave. Jeff Bezos tomó la decisión de fundar Amazon durante una caminata de horas en Central Park. Jeff Weiner, ex CEO de LinkedIn, convirtió las caminatas matutinas en su formato de reunión favorito — y notó que las conversaciones se volvían más directas, más honestas y más creativas que en cualquier sala.

Desde Aristóteles instruyendo a sus estudiantes mientras caminaban, hasta Charles Darwin que mandó construir un sendero específico para pensar, un porcentaje sorprendentemente alto de las grandes mentes de la historia desarrollaron sus mejores ideas en movimiento. Inc

La ciencia explica por qué. En 2014, investigadores de Stanford liderados por Marily Oppezzo y Daniel Schwartz dividieron participantes en dos grupos: uno caminó en una trotadora y el otro permaneció sentado. El grupo que caminó demostró un aumento significativo en el pensamiento creativo — y ese impulso persistió incluso después de que la caminata terminó. Medium

La siguiente reunión importante que tienes agendada — ¿podría hacerse caminando?

 

Conoce el Coaching en Movimiento para ejecutivos