En esta entrevista, Pablo d´Ors reflexiona como en un mundo lleno de ruido, el verdadero bienestar pasa por aprender a parar y mirar hacia adentro.
Pablo d'Ors es un escritor español, sacerdote y referente contemporáneo en el ámbito de la espiritualidad práctica. Su obra se centra en la meditación, el silencio y la vida interior como caminos de transformación personal. Es autor de libros como Biografía del silencio, donde propone una mirada accesible y cotidiana de la contemplación, alejándola de lo religioso tradicional y acercándola a la experiencia directa. Además, es fundador de la red de meditadores “Amigos del Desierto”.
1. Definiste el silencio como “el gran maestro”. Después de años practicándolo y enseñándolo, ¿qué te sigue enseñando el silencio que aún te sorprende?
El silencio no es ausencia de ruido, sino el sonido del universo: eso es lo primero que quiero decir. El silencio, en ese sentido, me lo enseña todo, puesto que el sonido del mundo, que es el OM, aunque suene esotérico, al igual que la imagen del mundo, que es la luz, dan testimonio del Creador o, por decirlo en versión secular, de la Energía, del prana. Percibir esa corriente vital, entrar en ella, eso es lo que da Vida, con mayúscula, y sabiduría.
2. En "Biografía del silencio" hablas de la meditación sin objetivo. En un mundo obsesionado con la productividad, ¿cómo convencerías a alguien de hacer algo “que no sirve para nada”?
No tratar de convencer a nadie es lo más convincente de todo. Yo no pretendo nada de nadie, ni siquiera de mí mismo. A lo que enseña el camino interior es a dejar a los demás en paz, eso lo primero. Lo segundo es a dejarse en paz a uno mismo, eso es la bomba. La búsqueda de la productividad es la enfermedad, porque significa que no queremos las cosas por lo que son, sino por lo que pueden darnos. Esa mirada egocéntrica e interesada es la que lo pervierte todo. Lo que no sirve para nada sirve para ser, y eso es lo esencial.
3. ¿El silencio es siempre sanador o a veces también duele? ¿Qué se hace con el vacío que aparece cuando uno calla?
No duele el silencio, sino el ego, que protesta porque no le gusta que le confronten con su falacia. La verdad no duele, nos dolemos nosotros cuando no sabemos encajarla. El Camino, el Tao, siempre es escarpado, siempre es atribulado, si bien, si lo recorres debidamente, vas aprendiendo y sufres menos, o sufres y ya no te importa porque no lo dramatizas: lo has aceptado. El abandono en la providencia y el sufrimiento son incompatibles. El vacío que aparece cuando uno calla tarda en aparecer. Primero aparece la inquietud corporal, luego la distracción mental, acto seguido las sombras o el inconsciente y, por fin, el vacío. Lo que hay que hacer ante él, sustancialmente, es permanecer y, de ser posible, permanecer en el amor. Eso te mostrará que el vacío es solo la otra cara de la plenitud.
4. Tus libros suelen ser breves, esenciales. ¿Escribir poco es también una forma de silencio?
También tengo libros extensos, supongo que son pecados de juventud. Yo no escribo para comunicar nada a nadie, sino para descubrirlo yo mismo. No escribes lo que sabes, sino lo que no sabes y para saberlo. Por eso es la escritura un auténtico ejercicio espiritual.
5. ¿Qué relación hay entre la duda y la fe en tu proceso creativo?
En mi proceso creativo y en la vida, que son en última instancia lo mismo. No se puede vivir dignamente más que creativamente. Si cada instante no es una creación, nos cansamos, y es entonces cuando nos tenemos que llenar de información, pues nos aburrimos de nosotros mismos. Entretenerse o intra-tenerse, esa es la cuestión. La duda y la fe son las dos caras de la misma medalla, como la noche y el día, ambos conforman una jornada. Es el deseo lo que se fragua en la espera, y es el deseo, no cumplido, sino sostenido con amor, lo que da alegría. En cuanto te haces amigo de tus dudas se convierten en puentes para la fe.
6. Fundaste Amigos del Desierto para “aprender a callar”. ¿Por qué el desierto como metáfora? ¿Qué encontramos ahí que no hay en la ciudad?
A decir verdad, yo no fundé AdD, sino que AdD se fundó a través mío, que es otra cosa. Quizá esta pregunta es más profunda de lo que parece, puesto que, efectivamente, he aprendido a callar y a escuchar enseñando a callar y a escuchar a otros. No he dado algo que ya tuviera, sino que lo he ido descubriendo y gestando con otros en el camino. La verdadera pedagogía siempre es así, una auténtica aventura en la que quien más aprende es siempre el maestro, pues suele ser también quien más da. El desierto, junto a la montaña y al cielo, son los principales paisajes metafóricos de la interioridad. El desierto simboliza la purificación. La montaña, la iluminación. El cielo, la unificación. En la ciudad encontramos formas, todas ilusorias. En el desierto encontramos el fondo, y eso permanece. El desierto es lo que queda cuando la ciudad se purifica. Pero en el corazón del desierto hay un oasis, es lo que no hay que olvidar.
7. Mucha gente busca espiritualidad pero rechaza la religión. ¿Se puede tener sed de Dios sin pertenecer a una tradición?
Es muy habitual. Es como querer ir a algún lugar, pero no tener la autopista que te lleve a él. Las religiones son, o al menos deberían ser, autopistas para la espiritualidad. Que no lo sean es preocupante, porque convierte el fenómeno religioso en mera cultura, en el mejor de los casos, aunque la mayor parte de las veces no pasa de ser folclore. Dios, en cualquier caso, no pertenece a ninguna tradición. Dios es Dios.
8. ¿Cuál es el error más común cuando alguien empieza a meditar? ¿Qué le dirías a quien se frustra porque “no le sale”?
Que quiera ser autodidacta. Nadie aprende, por poner el ejemplo de la palabra, a leer o a escribir solo. Lo mismo con el silencio: nadie puede aprender a escuchar o a mirar solo, tienen que enseñarte o, por mejor decir, tienen que darte la transmisión, la energía, la fuerza para esa aventura tan grande. A quien se frustra porque no le sale la meditación le diría que no le tiene que salir, que no hay nada que deba salir: que sólo debe mirar lo que hay y tratar de no ponerse nervioso. Y que, si se pone nervioso, se tranquilice; y que, si no puede, que descanse un rato y vuelva al cabo sobre ello. No te pone nervioso la meditación. Eres tú quien te pones nervioso, cuesta aceptarlo.
9. Hablas mucho del “hombre interior”. ¿Cómo está de salud ese hombre interior en 2026? ¿Más perdido o más despierto?
Más despierto. Cada vez hay más personas despiertas. Yo voy despertando más cada día y cada vez veo más amor por todas partes. También más penuria y estupidez, por supuesto. Pero hemos crecido. Tenemos definitivamente una comprensión del universo superior a la de generaciones anteriores y, por tanto, sufrimos menos. Vamos a más, entendido espiritualmente, aunque todos -es probable- quisiéramos acelerar el proceso.
10. Vivimos hiperconectados pero solos. ¿El silencio puede ser un antídoto contra la soledad o primero hay que atravesarla?
La soledad no existe, es una ficción, una ilusión. Somos uno, estamos unidos, no estamos solos en absoluto, sino totalmente interrelacionados. Habrá que respetar el sentimiento de quien se sienta solo, pero habrá que decirle acto seguido que está equivocado y que es su creencia falsa, no la soledad, lo que le hace sufrir. El silencio es el fondo en el que resuena la palabra y el sonido en general. La soledad es el fondo en que resuena la compañía. Sin silencio y soledad no habría nada, nada en absoluto. Necesitamos un fondo para que haya formas, necesitamos a Dios para que haya humanidad.
11. ¿Qué es para ti LA ESENCIA DE LO ESENCIAL en la vida?
Tú. Yo. Esto. Todo y nada es lo mismo. Lo esencial es este instante, que bien mirado es eterno, pues lo contiene absolutamente todo. Lo esencial es que todo se sostiene y se desenvuelve por amor, y que nosotros somos ese amor. Parece increíble, ¿no? Es lo que tiene la verdad, que nos parece increíble…
Pablo d´Ors
