Durante años, el burnout fue tratado como un problema personal — algo que le pasaba a personas que "no sabían manejar el estrés" o que "se tomaban las cosas muy a pecho." Hoy, la Organización Mundial de la Salud lo reconoce como un síndrome ocupacional oficial, clasificado en la CIE-11. Y los números lo justifican con creces.

En 2024, el 52% de los empleados reportó haber experimentado burnout — más de la mitad de la fuerza laboral global. Las mujeres lo reportan a una tasa mayor: 59% versus 46% en hombres. Y son los mandos medios quienes cargan el mayor peso: 54% reporta burnout, atrapados entre la dirección superior y los equipos que lideran. High 5 Test

Los empleados con burnout tienen un 63% más de probabilidad de tomar días de licencia. Más de 10 millones de empleados toman tiempo libre por burnout, con empresas perdiendo más de 80 millones de horas anuales en ausentismo. Spill

Pero el ausentismo es solo la punta del iceberg. El costo invisible es el presentismo — la persona que está sentada frente a su computador pero opera a un 40% de su capacidad. Responde correos. Asiste a reuniones. Da la impresión de estar trabajando. Y sin embargo, no está realmente ahí.

McKinsey estima que entre el 54 y el 77 por ciento del valor económico en juego en el bienestar laboral proviene de reducir el presentismo — no el ausentismo. Las empresas que invierten mejor en salud de sus empleados ven mejoras de productividad de entre 10 y 21 por ciento.

La solución no está en más aplicaciones de meditación ni en talleres de dos horas. Está en cambiar las condiciones — el entorno, el movimiento, los espacios de reflexión — que permiten que las personas funcionen como seres humanos completos y no como recursos optimizables.

En Chile tenemos el 67% de licencias médicas por salud mental. La pregunta no es si tu organización tiene un problema de burnout. La pregunta es qué vas a hacer con eso.

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